Centenario de Sor Isabel de la Trinidad  

Textos de las Carmelitas de Ourense
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... transformada

Para Isabel la experiencia de Dios es toda ella trinitaria, al tiempo que es una relación creciente y transformante con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo, que personalmente y juntos realizan en ella, en nosotros y en el mundo una historia de salvación.

El Padre, que es amor, nos crea, nos hace hijos pequeños y amados, nos elige para ser alabanza de su gloria. Y se complace en nosotros cuando “adorándole en espíritu y verdad” “llegamos a ser santos como Él”.

Así le damos gloria y Él nos transforma, nos glorifica como a Jesús.

La fe en Cristo, que es gracia, la comunión con su misterio de entrega y salvación, “escondida con Cristo en Dios”, la hace desear que se produzca en ella “como una encarnación” y llegar a ser “humanidad suplementaria” en la que el Verbo sigue diciendo: “Aquí estoy, Padre, para hacer tu voluntad”. –Hbr. 10-

En el transcurso de su vida y su enfermedad, este deseo se va haciendo verdad, mientras se consuma “gota a gota por la Iglesia”.

Isabel tiene claro que el Espíritu Santo, que es comunión, es el único que conoce lo que hay en Dios: “el que sella y consuma la unidad del Padre con su Verbo”.

Y el que , infundido en nuestros corazones, nos santifica, nos transforma, nos hace vivir la misma vida de Dios en la inmensidad del misterio, en la que los tres se miran, se aman y se entregan mutuamente…

En los días más difíciles de su enfermedad experimenta que “el Espíritu de Amor es el que está siempre adorando, cantando, obrándolo todo en ella”.

Carmelitas Descalzas de Ourense

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