... por los sacerdotes
Isabel, hecha para las relaciones profundas, la amistad, la lealtad, quiere arrastrar a todos a la escucha de esa ‘melodía interior’ que sucede en cada uno de nosotros y que descubrimos haciendo un poco de silencio en nuestro adentro. La Iglesia la ha reconocido como una mujer llamada a ayudar a muchos a entrar en esa fiesta de silencio y adoración que es el Misterio de la Trinidad.
En el Carmelo se sumerge cada vez más en la oración, el amor, la unión con el Ser Absoluto que la enamora y la purifica a través de la noche oscura de la Fe: ese misterio, que también es de Dios, en el que la luz se recoge indeciblemente en su plenitud y se experimenta como soledad y tinieblas.
Aprende a permanecer en lo oscuro y en la certeza de un alba de colores claros, mientras, en la vida pequeña de cada dia, obedece, sirve, ama el silencio, es humilde: por dentro acepta su debilidad y sus imperfecciones; por fuera, oculta sus habilidades para que resplandezcan las de sus hermanas.
Y sobre todo, adora... con el corazón abierto al mundo, a los hombres que Dios ama tanto y a los sacerdotes: por ellos acepta el dolor y unida a Cristo Crucificado se va adentrando en la espesura de la enfermedad que la consume.
Sabe que va a morir e intenta descubrir a los que ama la verdad que se esconde tras la muerte. “... hay un Ser Eterno que es amor, y nos llama a ser en El para siempre.”
Carmelitas Descalzas de Ourense

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