Centenario de Sor Isabel de la Trinidad  

Textos de las Carmelitas de Ourense
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... música callada

Como en pocos países la Iglesia, en Francia, ha tenido privilegios e influencia en la vida social y política.

Las sucesivas medidas anticlericales que desde la república despojaron a la Iglesia de riquezas y poder, se convirtieron en un proceso de purificación y renovación espiritual: como un pentecostés que la condujo hasta la libertad en pobreza, humildad y creatividad.

La Iglesia como madre, se esforzó en alejar a los católicos de las luchas políticas que los dividían, mientras se preocupaba de su formación restaurando el estudio de la fílosofía peremne, la teologia escolástica y la investigación biblica y científica. Al tiempo que alentaba los movimientos asociativos que profundizaban en vida cristiana y fuerza misionera.

Fue tiempo de persecución y martirio, pero también de grandes conversiones: Leon Bloy, Charles de Foucauld, Paul Claudel.

Fue el tiempo, muy parecido al nuestro, en el que Isabel de la Trinidad hizo de su vida una búsqueda apasionada del amor.

De temperamento vivo y fuerte, impulsivo y sensible..., a veces, violento. En un ejercicio de redacción dice de sí: “de niña era un auténtico diablillo”, que en el dinamismo de su vida espiritual llegará a convertirse en una persona madura, paciente y pacífica, serena...”que sabe lo que quiere y quiere lo que sabe.”

Dispuesta a entregarse y entregarlo todo para abismarse en el Misterio de Dios que la gracia le revela, cambia su vida de amistades, fiestas y viajes en la alta sociedad por la humilde vida del carmelo (Dijon-Francia).

Es una joven inteligente, alegre, cortés, elegante, hasta “coqueta” y toca el piano con un sentimiento exquisito, pero también su pasión por la música se transforma en silencio de oración, donde escucha y experimenta la presencia del Padre, el Hijo y el Espíritu y para ellos quiere ser ‘alabanza de gloria’.

Carmelitas Descalzas de Ourense

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