BEATIFICACIÓN DE 498 MÁRTIRES
DEL SIGLO XX EN ESPAÑA
(Roma, 28 de octubre de 2007)
Crónica de una peregrinación.
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Un momento único es el que hemos vivido, no sólo en la Iglesia particular de España sino en toda la Iglesia: la multitudinaria beatificación de 498 mártires de los años 30 de nuestra tierra. Momento de memoria agradecida por su testimonio, porque no nos son lejanos ni en el tiempo ni en el espacio ni en la fe. Regalo para toda la Iglesia, que no entiende de fronteras.
Ourense cuenta entre sus hijos a 9 de estos mártires, ya declarados Beatos. Nuestra diócesis no podía quedar al margen de las celebraciones y se puso en camino hacia Roma, cuna de la cristiandad, casa de Pedro y sus sucesores.
(Jueves)
Tras los preparativos, la marcha. A las 5 y media de la mañana salíamos de la Alameda (Ourense) en autobús. Por el camino recogimos a dos grupos de peregrinos que se sumaban a nosotros. Éramos ya 51 personas, con nuestro Obispo, Don Luis, a la cabeza. Hubo tiempo de rezar, descansar y conocernos.
A partir de aquí, viaje en avión. Primero desde Vigo a Barcelona. Allí, descenso y recogida de equipajes, volviendo a facturar. Desde la Ciudad Condal viajamos a la Eterna, cumpliendo bastante bien el horario establecido y sin mayores incidencias.
Roma nos recibió con una tarde gris y lluviosa. Menos mal que nuestro guía, Jorge, puso desde el inicio un toque de alegría y paz. A eso de las 5 ya estábamos camino al hotel. Luego, reparto de habitaciones, rezo en comunidad y cena. El descanso tendría que esperar pues comenzamos la noche romana con una visita rápida a la ciudad. Está visto, Roma no sólo despide luz de día…
(Viernes)
A la mañana siguiente comenzamos con los madrugones. Y no era para menos: con tantos grupos de turistas y peregrinos había que cumplir unos horarios, de modo que pudiésemos visitar los lugares con cierta tranquilidad, tras desayunar en el hotel donde nos hospedábamos.
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El primer día ya hubimos de cambiar nuestros destinos, a causa de manifestaciones delante de una de las Basílicas que pensábamos visitar. Nos dirigimos, pues, a las catacumbas de S. Calixto, las mayores descubiertas, con varios niveles de profundidad y una extensión cercana a los 20 Kms, a las Basílicas de San Pablo Extramuros y San Pedro del Vaticano, pasando aquí por las tumbas de los Papas (momento de especial emoción, sobre todo al pasar cerca de los restos de Juan Pablo II y San Pedro). Por la tarde, con la visita reiniciada y sin problemas de embotellamiento, completamos lo planeado y celebramos la Misa en la Iglesia Nacional Española de Santiago y Montserrat. Nos presidió nuestro Obispo, concelebrando los sacerdotes peregrinos junto a nuestro doctorando, Don José Joaquín. Al grupo de fieles se unieron los seminaristas diocesanos de Ourense que también visitaban la Urbe en compañía de los Legionarios de Cristo. La cena quedó a libre elección de los presentes.
(Sábado)
Pasó una noche, que a más de uno le pareció corta, y amanecimos al segundo día. De nuevo subíamos al “bus de Giovanni”, nuestra casa rodante, rezábamos Laudes y emprendíamos una excursión por la ruta de la “Roma barroca”. Edificios históricos y embajadas, calles y monumentos varios, fuentes y plazas bellísimas, la Basílica de S. Juan de Letrán,… kilómetros a pie para conocer y vivir la ciudad a ras de suelo, henchidos de una especial emoción. A las horas de guía le siguieron horas libres para poder recorrer la ciudad al gusto de cada quien. Se ofreció la oportunidad de acudir a las celebraciones de acogida que se realizaron en San Pablo Extramuros. De nuevo, cena por cuenta del peregrino y retirada temprana al hotel. El destino de nuestra peregrinación estaba cerca…
(Domingo)
A la alegría por el cambio de hora, que traía la posibilidad de poder disfrutar de una hora más de sueño, se unió la necesidad de levantarnos bien temprano: a las 5 y media de la mañana, para ser más exactos. No era un capricho, ya que a las ocho se abrían los accesos a San Pedro del Vaticano y debíamos estar allí lo más pronto posible. El lugar de asiento estaba en juego y no era cuestión de perder un buen punto de visión.
Mientras que los sacerdotes éramos divididos en varios grupos y dos “visiones” distintas, nuestros hermanos peregrinos accedían a un excepcional lugar en la plaza de San Pedro, cercano al Obelisco central. Llegábamos al momento cumbre de nuestro viaje y peregrinación: la celebración de la beatificación, presidida por el Cardenal Saraiva, Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos. Tras ella, el Angelus, dirigido por Su Santidad, Benedicto XVI. Lo hizo como todos los domingos, desde la ventana de sus aposentos. Y lo que muchos esperaron y cierta “leyenda urbana” decía no se cumplió: el Papa rezó el Angelus y se retiró, sin audiencia ni su presencia física más cercana a los fieles.
El plan establecido siguió adelante: comida y tarde libre, cena y recogida.
(Lunes)
La noche volvió a ser corta y no sólo por la emoción sino porque volvimos a levantarnos a las 5 y media de nuevo. El último día queríamos pasarlo en la Basílica de San Pedro, celebrando la Misa de Acción de gracias, presidida por el Cardenal Secretario de Estado, Tarsicio Bertone. Nuevos problemas: el cupo de sacerdotes concelebrantes estaba lleno y la gente se encontró con los asientos repletos. La mayor parte de los fieles buscó el mejor lugar posible en la Basílica y su exterior, donde estaban las pantallas gigantes del día anterior, que transmitieron la celebración al exterior. Un pequeño grupo disfrutó de los Museos Vaticanos.
A mediodía, recogida rápida hacia el aeropuerto y regreso a España. Dimos gracias a Dios por estos días y porque los diversos incidentes de la peregrinación no habían sido graves (el peor, el de una mujer que cayó. Tras una rápida atención y varios puntos pudo regresar con nosotros a España sin mayor problema). El viaje sólo nos deparó un pequeño retraso de avión y la risa incontenible de una azafata mientras nos explicaba cómo ponernos el chaleco salvavidas. Desde Vigo, vuelta en autobús a Ourense.
¡Viva Cristo, Maestro y Vida de los mártires!. Gloria a estos hermanos que nos dan ejemplo de amor valiente y coherente.

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