Instituciones / Seminario Mayor / Bicentenario - Exposición - Capítulo VI

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VI. Hasta nuestros días"

Finis coronat opus: hacia su tercer siglo de historia

 

 

 

     Las obras del Seminario que estaban casi terminadas, son presentadas como una tarea que debía continuarse en testimonio de gratitud al obispo finado. Ésta fue la intención del nuevo Obispo Ángel Temiño Sáiz (1953-1987), que en su relación con el Seminario tuvo siempre un especialísimo cuidado y una preocupación personal y directa.

     La inauguración oficial tuvo lugar el 22 de septiembre de 1953, con la asistencia del Caudillo Francisco Franco y su esposa, los ministros de Justicia y Asuntos Exteriores, y las autoridades locales civiles y eclesiásticas. En el Seminario Menor también realizó importantes transformaciones. Y construyó en Porto do Son el Seminario de verano, inaugurado en 1967. Por otra parte, corresponde a su labor la preparación adecuada de un prestigioso plantel de profesores, la mejoría de la biblioteca y la adquisición de otros medios que garantizan la formación integral de los futuros sacerdotes, mostrándose por tanto muy atento a la marcha intelectual, espiritual y humana de los seminaristas. Eran muy frecuentes sus visitas a esta casa. Tal esfuerzo explica la buena trayectoria del Seminario Auriense, que apenas conoció en el posconcilio la grave crisis que afectó a otros seminarios españoles.

 

Retrato del Obispo Ángel Temiño Sáiz (1953-1987).
Del pintor Jesús Soria (1955)

      Tras el largo pontificado de mons. Temiño, la Diócesis de Ourense recibe con un particular entusiasmo a su sucesor D. José Diéguez Reboredo (1987-1996). En lo material, destaca la importante remodelación que lleva a término en la estructura interna de este Seminario, que es la que pervive en nuestros días. En lo disciplinar, se elabora un nuevo reglamento, de acuerdo con las orientaciones del Plan de formación para los Seminarios Mayores, aprobado por la Sagrada Congregación para la Educación Católica (1986). En lo académico, se estudia y consigue la creación del Instituto Teológico del Divino Maestro, como centro afiliado a la Pontificia Universidad de Salamanca, tal como se verifica el 28 de marzo de 1996, comenzando a funcionar en el curso 1996-1997. Y, por último, se ha de señalar que en el año 1992 se había designado al obispo de Cádiz-Ceuta, D. Antonio Ceballos Atienza para la Visita Apostólica del Seminario Diocesano de Ourense.

     Seis meses después del traslado de monseñor Diéguez Reboredo a la Diócesis de Tuy-Vigo, se hace público el nombramiento de D. Carlos Osoro Sierra como nuevo Obispo de Ourense (1997-2002). En su pontificado se han reformado los Estatutos del Instituto Teológico. Se ha recuperado el Salón de Actos y se ha establecido en el edificio el Archivo Diocesano. Además, con su decidido apoyo, también comienza a publicarse, en 1998 y con carácter anual, la revista de investigación Auriensia.

     El día 7 de enero de 2002 se hace público su nombramiento como Arzobispo de Oviedo. Y el día 3 de agosto se conoce la noticia del nombramiento de D. Luis Quinteiro Fiuza como Obispo de Ourense, sede de la que tomó posesión el día 22 de septiembre de 2002. Dentro de su ministerio episcopal ocupa un lugar preferente su preocupación por el Seminario en las diversas dimensiones de la formación de los futuros sacerdotes. Es así que en su primer año en la Diócesis Auriense escribe su primera carta pastoral titulada Un Seminario para la nueva Evangelización, queriendo que esta institución ocupe un lugar prioritario en la Programación Diocesana de Pastoral de este curso con la solemne celebración de su Bicentenario (1804-2004).


Foto del Emmo. Fernando Quiroga y Palacios,
destacado alumno del Seminario


A MODO DE CONCLUSIÓN

     Conmemorar el segundo centenario de la efectiva inauguración del Seminario Auriense, nos brinda la oportunidad de poner delante de nosotros las permanentes lecciones de su historia, en unos momentos en que se dispone a acometer con nuevos planteamientos una etapa de su existencia que puede ser de definitiva importancia para el futuro de la institución. Tanto la historia de los Seminarios Conciliares, como los diversos planteamientos y direcciones que el centro ourensano ha ido tomando en sus dos siglos de vida, contienen suficientes elementos de juicio histórico para facilitar una prospectiva del futuro que se dispone a encarar a comienzos de este tercer milenio. En fin, cada día tiene su afán, y cada generación sus desafíos.

FIN

 

 

 

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