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   NOTAS DE BIBLIOFILIA - ENTREGA 4

 
Orden que debe guardarse para vestir las vecas
en el Seminario Conciliar de S. Fernando de Orense
 

 

 

     Muy acorde con la inauguración del curso 2007-2008, que tiene lugar en estos días y en que por otra parte se estrena nuevo equipo formativo, parece oportuno recordar, con el folleto intitulado ÓRDEN / QUE DEBE GUARDARSE / PARA VESTIR LAS VECAS / EN EL SEMINARIO CONCILIAR DE / S. FERNANDO DE ORENSE, una práctica anual que era costumbre celebrar en el Seminario desde su misma fundación.

 

 

 

     Y es que entre las diversas ceremonias solemnes, que forman parte de las tradiciones de un seminario, destaca el rito de la imposición de las becas. Su práctica frecuente mereció en esta ocasión un impreso que regularizara su desarrollo. En el caso del Seminario de Ourense, se conserva un ejemplar gracias al legado del presbítero Manuel Gil Atrio, natural de Espinoso, de una familia de fuerte raigambre clerical, canónigo y deán de la catedral ourensana, rector del Seminario entre los años 1949 y 1956, profesor de Física y Liturgia, cuyo patrimonio bibliográfico quedó como legado para la biblioteca del Seminario. De ahí se explica su “ex libris” en este ejemplar, del que se conserva otro en la Biblioteca del Convento de San Juan de Poio que procede de la Biblioteca de otro ilustre ourensano, Antonio Rey Soto.

 
 

 

 

     Consta de ocho páginas en cuarto, editado en la Imprenta de D. Pedro Lozano, de la ciudad de Orense, en el año 1856. Su contenido consiste en los ritos y oraciones escritas en latín que utilizaba el Sr. Obispo cuando imponía la beca a los colegiales del Seminario.

     Aquella práctica ya era anterior a la hechura del presente impreso. El cardenal Quevedo con el parecer de los cuatro Diputados Conciliares del Cabildo y Clero de la ciudad, había procedido a erigir en la reunión del 12 de diciembre de 1803, el Seminario en el edificio que fue de los Regulares de la Compañía bajo el patrocinio y tutela de San Fernando. La razón de la elección de este patrón la da él mismo: “erigimos el edificio de los Regulares de la Compañía y las casas y demas á el contiguo en Seminario conciliar y clerical bajo el Patrocinio y Tutela, y con el Titulo de San Fernando, deseando y rogando á este Santo Rey de España el mas celoso protector de la Yglesia, el defensor mas constante de la fe catolica, y el mayor enemigo de la irreligion, de las heregias y del error, sea su protector delante del Señor. Hemos querido tambien en esto hacer el obsequio, que se nos proporciona al Serenisimo Principe de Asturias, N. Sr., y que su nombre sea una cierta y constante seguridad de la proteccion con que contamos de su Augusto Padre el Rey N. Sr., y de todos los Monarcas Catolicos, que ha de ver la España herederos de su piedad y celo por la Yglesia de Jesu-Cristo, como de su Sangre Real, y de sus dominios” .

     Mientras se procedía al arreglo y reforma de la fábrica del Seminario, la ya mencionada Junta de Diputados Conciliares fijaron una serie de edictos para dieciséis “Becas sin numero que se deberían proveer en Pobres Diocesanos de doce á diez y ocho años de edad y que tuviesen la instrucción bastante para empezar Filosofía”. Tomados los informes correspondientes, monseñor Quevedo pasó al nombramiento de dieciocho jóvenes. Con la elección de los seminaristas, todo estaba dispuesto para el día grande de la inauguración y comienzo de la andadura del Seminario.

 


 
 

     Al fin amaneció el día soñado por el obispo Quevedo, que fue un ocho de enero del año 1804, jueves para más señas. En la iglesia del Colegio, convertida ya en parroquia de Santa Eufemia la Real, tuvo lugar la investidura solemne de los nuevos becarios. Cuenta una fuente anónima: “Puestos todos en orden con el Manto, Beca y Bonete en las manos, se dirigieron a la capilla del Colegio que lo debia ser la iglesia de Santa Eufemia en donde se hallaban preparados asientos.

     Hecha la oracion al Santisimo y leido el Decreto de admision, tres salmistas de la Catedral cantaron la antifona de Nuestra Señora con la oracion del tiempo y entonando el Veni-Creator fue poniendo el Rector a cada uno de los candidatos el Manto, Beca y Bonete”.

 

 

 

     Después de la invasión francesa y los desastres de la guerra de la independencia en la ciudad de As Burgas, el cardenal Quevedo se dio con todo empeño a rehabilitar cumplidamente el deshecho Seminario, cuya costosa obra acometió con fuerza en 1817. Autorizó la reparación del edificio y estableció todas las cátedras tanto para los alumnos internos como externos del colegio. Además convocó a oposición para proveer cierto número de becas, harto menos de las que era su deseo; sólo que las vicisitudes de los tiempos pasados no le consentían alargarse a más.

     Tal fue la actividad desplegada en la restauración, que en San Lucas de aquel mismo año ya se abrieron al público las cátedras de Teología y sus agregadas con las de Filosofía; y en 20 de enero del año siguiente de 1818 tenía el anciano cardenal el consuelo inefable de imponer en Santa Eufemia a 13 colegiales la beca encarnada, cuyo color había sustituido al morado de antes, en conmemoración de la alta dignidad cardenalicia con que el Papa acababa de premiar los grandes servicios prestados a la Religión y a la Patria por el eminentísimo Quevedo. Un acto más de la solemne celebración que inaugura la actividad del Seminario Conciliar de San Fernando, es la pronunciación del hermoso sermón de Bedoya, impreso dos años después en Alcalá de Henares, en la Oficina de Manuel Amigó.

     Una vez puesta la beca a cada uno de los nuevos colegiales, éstos le besaron la mano, abrazaron en seguida a los Diputados Conciliares y a sus compañeros, y pasaron a los bancos que les estaban preparados, mientras se cantaba el Veni Creator Spiritus. Entonces, se celebró una solemne misa en la que participaban el mayordomo y los catedráticos del Seminario, y en la que predicó el cardenal Quevedo, siendo importante el concurso de clero y pueblo. Para la instalación del Seminario por segunda vez, se nos cuenta cómo después del envío del edicto de becas, se presentaron trece candidatos y cómo el prelado “impuso las Becas y se detuvo al pueblo hablando sobre la utilidad y el porte, que devian tener los Colegiales, y despues los llevó a comer a Palacio, a quienes acompañó en dicha mesa y salieron a paseo con los consiliarios del Seminario”. Entraron dichos colegiales el 20 de enero de 1818.

     La misma celebración vuelve a tener lugar durante la década ominosa por dos ocasiones. Una vez libre de la tropa el edificio del Seminario, monseñor Iglesias Lago afronta la restauración del mismo en los años 1824 y 1827. Con este objetivo, procede a fijar los edictos de convocatoria en varios puntos de la diócesis para la oposición a las becas de dicho Seminario. Precedidos los exámenes de Latinidad y Doctrina Cristiana, fueron admitidos los nuevos colegiales.

     En sendas ocasiones emite una orden el prelado para imponer las becas por su mano. Y, reunidos todos los colegiales del Seminario, pasan al palacio episcopal a buscar y acompañar a su excelencia, catedráticos y demás señores particulares, que asisten a este acto tan solemne, hasta la iglesia de Santa Eufemia. Allí monseñor Iglesias Lago desarrolla una conmovedora memoria de su inmortal predecesor el cardenal Quevedo, fundador del Seminario, y de la desgraciada historia que acompañaba a este establecimiento. Les viste los mantos y becas, para después impartirles una sabia plática acerca del porte que debían tener los colegiales. Concluidas las pertinentes celebraciones, le acompañan los señores asistentes y colegiales hasta su palacio.

     Tras la regencia de Espartero, tiene lugar la restauración del Seminario Conciliar de San Fernando gracias a los nuevos bríos que traía consigo el buen hacer del señor Bedoya en colaboración con los Consiliarios Conciliares. Las decisiones tomadas bajo la dependencia del Gobernador eclesiástico evidenciaban el deseo de organizar el desarrollo del día a día de la comunidad dentro de lo que se esperaba de un centro de tan singulares características. El término “restauración” se debe al mismo señor Juan Manuel Bedoya. Tal evento inspirará unos versos suyos que llevarán por título: Letrilla lírica a la Restauración del Seminario.

 

 

 
 

     Juan Manuel Bedoya, Memorias históricas de Berlanga, Orense: Oficina de Juan María de Pazos, 1845, pp. 289-290. He aquí sus versos: “Tres veces ya desierto / el preciado plantel del gran Quevedo / llorábase, y cual muerto, / canton ya de Godofre ya de Alfredo: / maleza era y no mas, y rotas cañas / de incendiadas y miseras cabañas. / Mas vióse que del cielo / el santo cardenal por su obra vela / de su grey al consuelo, / de letras y virtud por su alma escuela. / Del duro pedernal al golpe fuerte / sacó fuego, y la vida de la muerte. / La casa primitiva / que ayer hollara planta destructora, / hoy puebla ya una activa / juventud de esperanza encantadora, / que en larga edad proclame el orbe entero / de las aulas, honor del clero. / Es la sabiduría / lo muy mas que el acero poderoso: / temor de Dios la guia / es y el cimiento del saber honroso: / piedad siempre enlazad con el talento: / no otra ley os dictaron los de Trento. / Plugo á Isabela augusta / (á quien gloria inmortal se le reserva) / labrar piadosa y justa / bajo un techo dos templos á Minerva: / ambos dén, santo Dios, copioso fruto / cabe sí Seminario é Instituto”.

 


 

     Habiendo tenido un especial cuidado el rey Carlos III al ceder al obispo Galindo para Seminario el Colegio que fue de los expulsos jesuitas, se mandó que en su portada principal se colocara el escudo de sus armas reales, como en efecto se hizo entonces y se puede ver ahora “aunque en una piedra tosca y deslucida y poco digna de tanta honra y estimable distinción”. Por esta razón, el señor Bedoya ha acordado que se pinte y dore como corresponde el dicho escudo de armas en testimonio de gratitud del Seminario a la real beneficencia, y que por debajo de él, entre la cornisa y la portada se ponga “un tarjeton escrito en la piedra al oleo con una inscripcion latina en memoria del Emmo. Sr. Cardenal de Quevedo y Quintano, Obispo de esta Diocesi, fundador de este establecimiento con el año de la fundacion, el del incendio que sufrio el edificio y el de su reparación”.

     En el día 7 de diciembre de 1845, asistiendo el Gobernador eclesiástico a la Iglesia de Santa Eufemia, acompañado de algunos Señores Capitulares y de los cuatro Consiliarios Conciliares, impone la beca a veintiún colegiales agraciados. Para esta celebración se habían congregado el Director con sobrepelliz y estola blanca, los señores Capellanes con bonete, los Colegiales con manto y beca, y los nuevos becados con sólo el manto y la beca doblada sobre el brazo izquierdo.

     Durante la ceremonia los salmistas de la catedral cantan el himno Veni Creator Spiritus. Concluido dicho himno y la oración en verso rezada por el Director, se sientan todos, y el Secretario del Seminario lee de pie el decreto del Gobernador eclesiástico, en este caso, a favor de los nuevos electos. Luego, éstos, arrodillados delante del altar, hacen la profesión de fe y juran sobre el libro de los santos Evangelios en manos del Gobernador eclesiástico, que inmediatamente les impone la beca cruzada. A continuación, les entrega un Catecismo de san Pío V a cada uno.

     Concluida esta ceremonia, y puestos todos de pie, se recita a dos coros el himno Te Deum laudamus, te Dominum confitemur. Después de este himno, el Director espiritual recita la oración final, acompañada de las antífonas, versos y oraciones de los Titulares del Seminario: la Virgen Inmaculada, San Fernando y San Martín. Una vez que se llega al fin de esta celebración, los nuevos seminaristas besan la mano al Gobernador eclesiástico (si hubiera obispo, el anillo), al Rector, Director y demás Capellanes, y a sus compañeros les dan un abrazo.

 


 

 

 
Autor: José Ramón Hernández Figueiredo
 

 

 

ORDEN que debe guardarse para vestir las vecas en el Seminario Conciliar de S. Fernando de Orense. – Orense : [s.n.], 1856 (Imp. de D. Pedro Lozano)
   [8] p. ; 21 cm
   Tít. tomado del comienzo del texto. – Pie de imp. tomado del colofón
   OR-SM. – Enc. papel. – Folletos G6. – Sello de Manuel Gil Atrio

 

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