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EDITORIAL
Comenzamos con humildad (que no quisiéramos que sonase a tópico)
la andadura de la revista "Auriensia", basada en la colaboración
de todos los profesores del Instituto Teológico "Divino Maestro",
afiliado a la Pontificia Universidad de Salamanca. Queremos que la revista
esté abierta también a todos los estudiosos del rico campo,
que se denomina hoy con la expresión "fe-cultura".
Deseamos unirnos a otras revistas, editadas en Galicia, y que, desde parecidas
o distintas perspectivas, se suman a un objetivo común.
Pablo VI reflexionó con frecuencia sobre la importancia de una fe
que para ser madura, debe encarnarse en las culturas. Son suyas las siguientes
palabras: "la evagelización pierde mucho d su fuerza y de su eficacia
si no toma en consideración al pueblo concreto al que se dirige,
si no utiliza su lengua, sus signos y símbolos, si no responde a
las cuestiones que plantea, no llega a su vida concreta".
El Concilio Vaticano II dedicó el segundo capítulo de la
GS al tema del progreso cultural. En este capítulo aborda, pasados
ya mas de treinta años, con profundidad y acierto, la relación
entre la fe cristiana y la cultura (GS 57-62). Pero el mismo tema es abordado
más brevemente en otros documentos del Concilio (LG 17; AA 7; AG
9, 11, 15, 22; GE 8; NA 2).
La "Evangelii nuntiandi", llamada "carta de la evangelización de
las culturas" se apoya para su discurso en la GS. Retomando GS 53 habla
en el n. 20 de la importancia de evangelizar a fondo la cultura y las culturas
de los hombres, teniendo siempre presentes las relaciones de las personas
entre sí y con Dios. En este mismo número dice Pablo VI que
"el drama de nuestro tiempo es la ruptura entre el evagelio y la cultura".
Bien sabemos que esta tarea no es fácil y que los problemas que
se plantean son muchos. Por eso el camino es el de inculturar la fe y evangelizar
la cultura.
Fe y cultura se presentan, a veces, como realidades opuestas, pero son
complementarias y están llamadas a armonizarse de manera fecunda.
Una fe que no valorara y desarrollara todos los aspectos que perfeccionan
la vida humana, personal y social, no sería una fe madura. Y una
cultura que no se abriese y, mismo potenciase los aspectos trascendentes
y religiosos de la persona, no merecería tal nombre. Una cultura
que se cierra a los valores espirituales y a la persona de Jesucristo,
objetivada (con defectos y pecados) en la Iglesia, su sacramento, no colmará
todas las capacidades y objetivos del hombre.
Galicia tiene una riquísima cultura que incluye: la lengua, una
sensibilidad propia, la sabiduría popular, una manera de ver el
mundo y las personas, su mundo simbólico-representativo, los acentos
propios de su religiosidad, su historia, artes y costumbres.
Nuestra revista quiere estudiar y reflexionar los temas teológico-filosóficos,
pastorales y antropológicos, como una pequeña contribución
al diálogo entre la fe cristiana y nuestra cultura. Deseamos hacerlo
en una apertura de miras a las otras culturas, en complementariedad con
el pensamiento moderno.
De esta manera, cuando nos encontramos en el "ocaso" de siglo XX y avistamos
ya, con esperanza, a principios del siglo XXI, quisiéramos poner
nuestro granito de arena para esa síntesis deseada entre la vida
cultural y la vida de fe de los hombres, sobre todo de los que viven en
Galicia. Tenemos en mente, en nuestro caso, a los grandes personajes, que
hace aún pocos años, en nuestro Ourense, unieron en sí
la pasión por la cultura gallega y la vivencia de una fe cristiana.
Tal fue el caso de: D. Ramón Otero Pedrayo, Vicente Risco, Cuevillas,
Xoaquín Lorenzo, etc.
La Iglesia en Galicia y todos los que estiman la cultura integral de nuestra
tierra, tiene la obligación de estudiar y valorar las "raíces"
y dotes de nuestras gentes, para construir una civilización madura
y armoniosa en la convivencia. Pero tal madurez personal y social, religiosa,
cultural y política no llegará a su cumbre sin que todos
estudiemos, dialoguemos y respetemos los campos distintos y complementarios.
No es el camino la reducción de las dotes y objetivos diversos de
la persona y sociedad. Es preciso que, respetando la "justa autonomía
de las realidades terrenas", cada quien ofrezca como un servicio humilde
su aportación, en diálogo y complementación con los
demás. Esto lo pedía ya el Concilio Pastoral de Galicia,
"Documento dos leigos", p. 6.23; 6.25-6.27.
Tampoco es postura la intransigencia o dogmatismo cerrado. Sobre todo en
el terreno de las ciencias del hombre (antropología, etnografía,
sociología, psicología, etc.), es preciso una confrontación
serena, rigurosa en su seriedad científica y orientada a conseguir
la verdad que sirva a la persona y al pueblo.
Pensamos que nuestro Centro, con su sede en el Seminario Mayor, puede y
debe intentar este esfuerzo de diálogo entre la fe vivida y celebrada
y la cultura que enriquece a los hombres y la sociedad de hoy. De esta
manera los futuros sacerdotes, que hoy se preparan para su ministerio,
pueden encontrar en la revista un estímulo a su estudio y a la integración
de los valores culturales del mundo gallego en su visión de fe.
Esta síntesis intelectual y vivencial la irán preparando
en el Seminario, para ser los sacerdotes que la Iglesia y el mundo desea.
Si la revista y sus colaboradores (profesores) le ayudamos, será
motivo de gran felicidad.
Éstes son nuestros objetivos y deseos cuando iniciamos el caminar
de la revista "Auriensia". Dios quiera secundar nuestros deseos y que todos
los estudiosos de este terreno se sientan alentados a trabajar y entrar
en diálogo con nosotros.
Ramiro González
Ourense
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